CONCENTRACIÓN ECONÓMICA Y PODER POLÍTICO EN AMÉRICA LATINA

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CONCENTRACIÓN ECONÓMICA Y PODER POLÍTICO EN AMÉRICA LATINA

Por Carlos Pástor Pazmiño

En la evolución de los sistemas económicos, el Estado ha sido capturado por las corporaciones modernas (multinacionales y grupos de poder económicos nacionales) quienes representan los grandes intereses económicos y ejercen una influencia indebida y/o excesiva para la generación de políticas que les favorecen y protegen.

Conocer el proceso político en Latinoamérica de las últimas décadas permite entender mejor esta captura, tomando como referencia los tres ciclos identificados: uno de captura corporativa neoliberal, que empieza en la crisis de la deuda externa de los años ochenta, en el que se introdujo el nuevo paradigma económico que fortaleció a las corporaciones; uno segundo, en el que cambia la correlación de fuerzas renegociando o reduciendo el poder corporativo con base en el control del Estado, y que se manifiesta en parte del continente (en países grandes, medianos y pequeños) cuando surgen gobiernos radicales a fines de 1990; y un tercer ciclo en el que este bloque radical se debilita considerablemente, ocurriendo procesos de recaptura corporativa del Estado en importantes casos, lo que, sumado a los países que “no se movieron” del Consenso de Washington, el eje de la Cuenca del Pacífico, señalan un reforzamiento económico y político del poder corporativo, pero en condiciones en que las élites del poder tienen mayores dificultades para legitimarse.

Algunos fundamentos
teóricos sobre las élites

Las teorías clásicas sobre las élites se centran en la competencia y la negociación que se da entre los grupos que dirigen esferas de poder. Estas teorías tienen origen en la sociología de Pareto, según la cual toda sociedad se compone de dos categorías fundamentales: las masas y las élites.
Las élites son comprendidas como grupos restringidos que ejercen un control decisivo sobre las esferas sociales más importantes; así la élite gobernante, la que influye en los negocios, etc. En cada sociedad no hay solo una, sino varias élites que compiten y ven surgir otras nuevas de las masas a las cuales a veces integran y a veces combaten. Tal concepción se aproxima a los procesos sociales por medio del estudio de una dinámica de competencia entre élites, pues parte de la idea de que la complejidad de la sociedad solo permite a las masas elegir entre seguir a uno u otro grupo de poder.

Competencia-negociación
entre las élites:
el corporativismo en las
décadas de 1960 y 1970

El concepto de corporativismo creció entre los años sesenta y setenta, justamente porque parecía idóneo para describir las dinámicas de negociación en América Latina. Allí, el corporativismo describe un sistema de representación de intereses en el que decisiones determinantes para la sociedad son tomadas por una cúpula de dirigentes, cada uno respaldado por un sector de la sociedad (Arenas, 2006; inspirada de Schmitter, 1987).

La legitimidad de cada dirigente frente a sus representados resulta de su capacidad de presentar y obtener condiciones que los beneficien. Frente al Estado, la legitimidad deriva del potencial que tenga para monopolizar la representación de los integrantes de su sector bajo ciertas demandas. Institucionalizado en países latinoamericanos con sistemas parlamentarios y gobiernos militares por igual (Panitch, 1980, pp. 160-161), este sistema de representación de intereses da forma a las decisiones relevantes sobre programas de desarrollo económico, esencialmente y permite que las élites de cada categoría negocien entre ellas los temas necesarios para preservar una cierta estabilidad entre elecciones, mediante el contrapeso de intereses o, bajo gobiernos militares, para mantener un vínculo con la sociedad pese a la falta de consulta democrática.

Las negociaciones corporativistas
entre élites en Venezuela

El corporativismo, pese a sus limitaciones, es idóneo para describir las relaciones que existían en Venezuela entre las élites y el Estado. Al salir de la dictadura, a finales de la década de 1950, distintas élites del país firmaron pactos para organizar el retorno a la democracia. El más conocido, el Pacto de Punto Fijo (1958), se estableció entre los dirigentes de los principales partidos políticos, quienes plantearon la necesidad de establecer un programa mínimo común y el respeto de los resultados electorales para evitar el regreso de un gobierno militar. Sin embargo, a la raíz misma del pacto, surgió la voluntad de fomentar una dinámica de negociación entre élites que excluyera a ciertas fuerzas populares.

El Partido Comunista, aun cuando sus fuerzas habían contribuido de manera importante al derrocamiento de la dictadura, quedó fuera (Karl, 1987). Este acuerdo, que valió a Venezuela el calificativo de “democracia pactada” (Levine, 1973), funcionó lo suficiente para ubicarlo entre los pocos países de América Latina que no vivieron una dictadura durante las décadas de 1960 y 1970, pero cobró el precio de la represión a cualquier movimiento que se sospechara simpatizante de la guerrilla.

La competencia-negociación
entre las élites en Ecuador

En Ecuador, las décadas de 1960 y 1970 estuvieron marcadas por una dinámica diferente. Una democracia débil que, hasta 1979, excluyó de las votaciones a las personas analfabetas y, consecuentemente, tuvo una baja participación electoral, mantuvo la alternancia de gobiernos militares que perseguían programas desarrollistas de distintos matices. Sin embargo, los rasgos de una dinámica política negociada entre élites se encuentran también en este caso. Pablo Ospina Peralta (2016) describe la evolución del Estado ecuatoriano entre las décadas de 1920 y 1960 como la consolidación de un Estado transformista; es decir, un Estado en el cual las negociaciones entre las principales élites fomentaron una transición al capitalismo y lograron acuerdos y ajustes que permitieron el cambio sin que estallara una revolución: “Había condiciones favorables para que las oligarquías de cada región privilegiasen acuerdos con las oligarquías vecinas en momentos de crisis” (Ospina Peralta, 2016, p. 52). Las negociaciones entre las oligarquías de la sierra del Ecuador, cuya producción estaba dirigida mayormente hacia el mercado interno, y las de la costa, históricamente organizadas alrededor de la exportación de productos agrícolas, permitieron una evolución política sin un derramamiento de sangre comparable al de otros países de la región.

De la crisis
al neoliberalismo:
la élite económica se
juega el todo por todo

Para entender el segundo periodo, los debates más reveladores pertenecen a la tradición de la economía política. Mientras que las posiciones teóricas presentadas para explicar el periodo anterior corresponden a la visión clásica sobre las élites (Bull, 2015) y analizan en un mismo plano a todas las cúpulas que ejercen poder sobre diversos ámbitos sociales, la tradición de la economía política analiza a las élites económicas partiendo del principio de que tienen una posición privilegiada. A través de su posición en las relaciones de producción, las élites económicas acumulan capital, pero, además, transmiten la ideología necesaria para su reproducción, ya que las relaciones de trabajo en las cuales participan contienen las jerarquías y la justificación de su dominación. Su capital ofrece, al mismo tiempo, los medios para actuar en otros ámbitos sociales, lo que explica que las élites económicas tengan una influencia determinante a través de, por ejemplo, el control de medios de comunicación, de organizaciones políticas o de think tanks. Se ha utilizado la expresión “clase dirigente” para designar precisamente la convergencia de la élite política con la élite económica que resulta de tal fenómeno.

Si bien ciertas corrientes empujan esta lógica hasta reducir al Estado a un consejo de administración de la burguesía o a un simple eslabón en la reproducción de la estructura capitalista (Holloway, 2010; Zibechi y Machado, 2017), otras perspectivas, inspiradas en los debates marxistas sobre la naturaleza del Estado, se enfocan en la forma de organización de los bloques en el poder, organización, muchas veces implícita, que permite la negociación de intereses entre las fracciones de la clase dominante y la integración de ciertas preocupaciones de las clases subalternas para permitir la reproducción del orden social.

Para estudiar la concentración económica y el poder político en América Latina no solo resulta indispensable replantearse las estrategias metodológicas y teóricas a partir de las cuales nos acercamos a su estudio. También es necesario preguntarse sobre el contexto histórico en que se desenvuelven los grupos económicos en la región, identificar el proceso de consolidación a lo largo de su trayectoria, e interrogar de dónde surgieron y en qué condiciones se han fortalecido.

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